Emplazada en la periferia de Santiago, en el Valle de Chicureo, en una urbanización que agrupa terrenos de 5.000 m2, sin pendiente y con una vegetación autóctona a base de espinos y gramíneas
Los materiales nobles le dan un carácter de atemporalidad a la obra
Con una planta en forma de “Y”, la casa recibe al visitante con una sobre posición de planos generando un traspaso a un interior que se abre a un jardín que acoge las múltiples actividades, el cual tiene una geometría dominante a base de quiebres que acompaña y refuerza la arquitectura de la casa, desde los bordes del terreno, con un claro recorrido perimetral que llevará a las diferentes actividades que en un futuro ahí se desarrollaran