El edificio se presenta como un volumen monolítico de hormigón pigmentado en tonos terracota, con grietas que evocan las quebradas nortinas. Su diseño busca sombra y frescura, generando espacios de recogimiento. Destaca el uso de Quiebravista Santiago, que permite luz controlada, ventilación cruzada y textura cambiante en fachada. Los pisos fueron revestidos con baldosines de Cerámica Santiago, reforzando la identidad del paisaje.
El proyecto propone una experiencia espacial sobria y en armonía con el entorno, articulada en torno a patios y vacíos. Alberga siete salas permanentes, auditorio, biblioteca y espacios comunitarios. Su guion museográfico fue construido en diálogo con pueblos originarios y comunidades locales